Con un poco de retraso, trataré de relatar lo que nos aconteció en tierras galas durante este último periodo vacacional.
Salimos de Oviedo la mañana del domingo día 22 de Agosto de 2010 bien tempranito para aprovechar la jornada.
Eran las 9:30 h. y ya estábamos en marcha (¡qué bien! ¡Así Héctor no se enfada!).
Tenía yo cierta ilusión (aunque no me faltaba también algo de miedo) por enfrentarme a ese montón de kilómetros con mi moto nueva, mi potente Honda CBF-600.
La mañana era fresca y despejada y salimos raudos hacía el este dirección Santander. No nos duro mucho la velocidad, no me había acordado de rellenar el depósito y en la gasolinera de San Vicente de la Barquera, en la autopista, ya tuvimos que parar a repostar. Ningún problema y seguimos la marcha; todo recto, sin parar, dirección Francia.
Llegando a Bilbao las consiguientes reducciones de velocidad, tres carrilles y las motos rodeadas de coches y tráfico intensísimo, por no hablar del montón de obras por las rondas exteriores que están en marcha. ¡¡Un caos!! A 60 y sólo, algunas veces, a 80 km/h, permitidos; radares por todas partes (de un hermoso amarillo chillón, que no hay forma de pasar por alto).
Una vez pasada la gran ciudad empiezan los peajes; nuestro método, nos poníamos los dos a la altura, avanzábamos con las motos, Héctor pagaba con la tarjeta y yo pasaba, luego el pagaba su parte y aceleraba hasta pillarme.
A la altura de Amorevieta, debido a más obras, el firme de la autopista desapareció, sólo quedaba la parte de abajo, cuya forma de cartón corrugado me hizo poner de los nervios… las ruedas de la moto seguían esas formas y la dirección se te marchaba…¡¡Menudo susto!! ¡¡Y en una autopista de peaje!! (Me pase todo el viaje recordándolo y pensando que tenía obligatoriamente que pasar por ahí para volver a casa. ¡¡¡Qué pesadilla!!!)
¡Genial! Logramos llegar sin tropiezos a la antigua frontera con Francia; quedan los restos de la aduana donde, desde luego, ya no se para, pero allí estaba la “policía aduanera francesa” (con sus camisetas azules, como nuestra bandera) controlando coches, vigilándolo todo y parando a algunos vehículos… nosotros pasamos sin problemas.
En la autopista A-63 se encuentran ya áreas de descanso galas (en francés “aires”, nosotros siempre los llamamos así) con todos los servicios completos (no como las españolas, que tienes 4 papeleras, si hay, y 2 mesas, al sol para más “INRI”); tienen muchos árboles, sombras, muchas mesas, servicios, duchas, repostaje para caravanas y hasta, a veces, aspersores de agua pulverizada… ¡qué puedo decir! ¡¡UNA DELICIA!!
La primera área de descanso en la que paramos siempre a comer es la de Bidart; las siguientes ya no recuerdo nombres, pero ésta, cerca de Lourdes, ¡¡¡inolvidable…!!! (os recuerdo que era la última semana de agosto y hacía un calor tremendo…)
Los policías de aduana decidieron que había que advertir a los de este vehículo, lo pararon, les hicieron bajar y “les hablaron de cerca” (esta frase es muy de Héctor)
Aquí nos encontramos con un señor francés y su familia, que se dirigió a nosotros en correctísimo español; nos contó que su padre era de la Línea de la Concepción y que iban mucho a España, en concreto ahora venían de cerca de Bayonne de la playa… se notaba, venían todos muy morenitos.
Este es otro “aire” cerca de la salida hacía el Tourmalet, no se si se nota.
Aquí estamos en la última área de descanso en la que paramos, “nosotros y nuestras motos”.
Para aproximadamente las ocho de la tarde estábamos ya cerca de Vigoulet-Auzil, que es un pueblito a 15 km. de Toulouse.
Todo precioso y lleno de casas residenciales con un montón de áreas verdes alrededor.
Le Chateau d’Arquier está rodeado de un bosque y, como todas las casas francesas residenciales su entrada es de gravilla, me llevé tal disgusto, que lloré (el pánico que le tengo a la gravilla casi iguala al que le tengo a las zonas con obras cuando voy conduciendo la moto).
“Unos 720 km. en un día para terminar cayéndome a la puerta de casa…” ese era mi derrotista pensamiento al llegar al camino exterior. Pero ahí estaba Héctor, pinchando y pinchado, “cobardica, que eres el leoncito cobarde…” Así que me sorbí los mocos y tire “pa lante”; logre parar la moto delante de la puerta de “L’Arquier” y ya no la cogí más en los días que estuvimos en Toulouse y alrededores.
L’Arquier tiene más o menos esta pinta:
Por dentro, esta “maison” era así:
La entrada…
La escalera con el tapiz del “Minotauro”
La sala de desayunar
La Chambre Margaritte tenía casi 25 m2 y la “toilete” era más grande que muchas habitaciones donde yo haya estado.
Esta es la salida en dirección Toulouse
(Alguna foto más aquí)
http://picasaweb.google.com/thiodah/CasaDeToulose#slideshow/5512349458253999810Al día siguiente nos levantamos bien prontito (7:30 a.m.) e inmediatamente fuimos a desayunar a las 8:00 am. Todo delicioso, cocinaba el dueño de la casa, nos hizo un gâteau (bizcocho) de limón de chuparse los dedos hasta el codo.
Rápidamente salimos, hacía el norte, a 14 km. hacía la “Cité de l’espace”.
Se ve en la distancia, según te acercas; posee un parking bastante grande y arbolado (que viene muy bien en días de tanto sol y tanto calor). Ya teníamos pensado quedarnos toda la mañana, pero al final entre una cosa y otra, casi salimos a las 17:30 h.( si pensamos que cierran a las 18:00 h., estuvimos casi todo el día.)
Tengo que decir que es un parque que gusta más con niños, porque muchas de las atracciones están pensadas para ellos; pero aún así, como siempre nos queda algo de niños, nos lo pasamos muy bien.
La estación espacial MIR
Sus paneles solares sin desplegar
Totalmente visitable por dentro.
Cama… bien cómoda…
Cuarto de baño…funcional y amplio…
El distribuidor …nos deja sin palabras…
Y los pasillos…( no coment…)
La estación espacial internacional…
La zona de las exposiciones es enorme y tremendamente interactiva… (sigo diciendo que los niños se lo pasaban pipa…)
Y los no tan niños…
Aquí, una roca lunar cedida por la NASA (la que metía el cuezu, yo…)
Una zona que merece la pena visitar es la del IMAX y el Planetario (por si alguien va, decir que sólo funcionaba en todo el parque la cafetería/restaurante de este recinto)
De esta guisa nos veíamos en el cine 3D. (el “fardo” azul ye la audioguia…)
http://picasaweb.google.com/thiodah/CiteDeLEspaceToulouse#Por supuesto, como buenos turistas, antes de salir del recinto visitamos… la tienda, donde al final no compramos nada (todo bastante carillo…)
Estábamos un poco cansados pero convencí a Héctor de que me llevará a una ciudad al sur de Vigoulet-Auzil llamada Muret.
En esta población en el año del señor de 1213 tuvo lugar la “Batalla de Muret”, que a casi nadie le suena de nada (a mi, antes de consultar la wikipedia, tampoco…).
Se enfrentaron Pedro II de Aragón, sus vasallos y sus aliados, entre los que se encontraban Raimundo VI de Tolosa, Bernardo V de Cominges y Raimundo Roger I de Foix, contra las tropas cruzadas y las de Felipe II de Francia lideradas por Simón IV de Montfort.
Vale, de acuerdo, no se entiende nada. Explicación: los primeros (aragoneses y catalanes, por lo tanto, españoles) apoyaban a los cátaros (todo por razones políticas) mientras que los segundos (franceses, para entendernos) apoyaban la causa del papa (la religión establecida).
Como ganaron los segundos, encabezados por Simón de Montfort, las tierras al sur de Toulouse son actualmente francesas; si la batalla hubiera tenido otro final, seguramente serían en la actualidad españolas (los entendidos dicen que ganar en Muret hubiera significado que España actualmente tuviera otras fronteras, mucho más amplias, por supuesto)
Decir que en Muret no encontramos absolutamente nada conmemorativo de la batalla; terminamos comprando la cena en un supermercado “mousquetaiere” y volviendo al Arquier sin resultados.
Las ocho de la tarde, más o menos, un calor endemoniado (hubo días de hasta 42º C en Toulouse capital), así que decidimos quitarnos rápidamente la ropa de moto, enfundarnos trajes de baño y…¡¡¡a la piscina!!! (Todos los días esta fue nuestra forma de acabar la jornada, bien fresquitos)