A la entrada de Paimpol, justo en la última curva, nos paro la Gendarmerie. Un tiarrón grande como un armario y con un bigote como el de Asterix.
Que si’l vous plaites, y todas las zarandajas pero que tocaba soplar, Héctor encantado (claro, porque con tanta caminata en la isla y después más caminar a donde las viudas, no me dejo parar en ningún chiringo y, por supuesto, dio 0/0). Luego el gendarme se enrolló, y en un pastiche inglés/francés nos pregunto si mejor la Pan o mejor las BMW, que él no se decidía. Bueno, pues así, haciendo amigos, nos despedimos del gendarme y logramos entrar en Paimpol. Un puerto precioso, con casas antiguas bordeando los muelles y cuando llegamos… ¡¡Hala!! Qué había mercado!!! Y todo relacionado con el mar y sus trastos!!!! Dimos una vueltina y nos paramos a que Héctor zampara una Crepe de beurre et sucre, porque tenía un antojo….
Aquí con el recuerdo del control de alcoholemia franchute.
El tiempo tan magnífico propiciaba que Paimpol fuera un desfile continuo de motos.
El antes de la crepe (o véase, frisuelo con mantequilla y azúcar)
El satisfecho después de la crepe (aderezado con una “Orangina”, por supuesto)
La zona antigua de la ciudad también está muy conservada y es muy agradable pasear por ella.
Recomendable visitar esta ferretería, que data del siglo XVIII.
Con el punto de mira en los Acantilados de Granito Rosa y en la ciudad de Perros-Guirec (por lo del nombre, más bien) atravesamos Lizardieux.
Con un puerto deportivo muy bonito.
Y, por supuesto, llena de motos aparcadas por doquier.
https://picasaweb.google.com/thiodah/11PaimpolLezardrieux?authkey=Gv1sRgCIbKlsKj9On1bQPasando por poblaciones como Lannion…
En esta población (como en muchas otras) sus Ayuntamientos estaban empapelados con demandas de liberación para los periodistas franceses secuestrados en Afganistan.
A media tarde una siestina nunca viene mal…
Atravesamos por Trebeurden, ya en la costa…
Y visitando Tregastel…
https://picasaweb.google.com/thiodah/12LannionTrebeurdenYTregastel?authkey=Gv1sRgCIOf_5Kem_yTowEAsí llegamos, por fin, a Ploumanac’h, en la Costa de Granito Rosa.
Nada más llegar impresiona “la toilette”, muy acorde con el ambiente campestre.
Enormes piedras de granito rosa que forman unos acantilados peculiarmente bellos…
Que también sirven para descansar…
Antes de que se hiciera de noche pasamos por la población de Perros-Guirec, que ya nos habían dicho que no tenía nada en especial.
Pero, mira por donde, nos encontramos con un hotel un poco peculiar (tengo que decir que en francés el nombre de este pueblo se pronuncia algo así como “peros” y que desde luego no tiene nada que ver con canes)
https://picasaweb.google.com/thiodah/14PloumanacHPerrosGuirec?authkey=Gv1sRgCOnR58f47ZH2vQEVolvimos pronto a la casa, a Treguier, ya que al día siguiente tocaba traslado de la Côte d’Armor a la zona de Finisterre. Cenamos, como siempre, de creperie; precios superbien, dos botellas de sidra, dos gallettes (frisuelos salados), dos crepes (frisuelos dulces de postre) y, yo recomiendo pedir “une garrafe d’eau” que es gratis, y todo ello no superó nunca los 34 euros. La mayoría de las veces pedíamos también unos “moules”, cazuelas enteras repletas de mejillones, eso sí, pequeñitos.